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Una de cada cinco personas en el mundo no tiene acceso a agua potable y unos 600 millones de personas viven irregularmente en chabolas en ciudades de África, América Latina y Asia con consecuencias desastrosas para su salud.
La condición de los bosques, que son esenciales para la vida de muchas de las 1.200 millones de personas que viven en la extrema pobreza, ya que en ellos reside el 90% de la biodiversidad terrestre, están desapareciendo a una velocidad drástica. Si no se consigue frenar el deterioro del ecosistema, las repercusiones serán fatales para el desarrollo económico de los países en vías de desarrollo y para la sostenibilidad medioambiental del planeta.
Alrededor de 1000 millones de personas no disponen de suministros habituales de energía, obligándoles a talar árboles para obtener leña y al uso de combustibles fuertemente contaminantes que perjudican la salud humana. La contaminación del aire en lugares cerrados provoca más de 1,6 millones de muertas al año, especialmente en mujeres y niños. |