Salud materna: cómo reducir la mortalidad materna de forma sostenible

La salud materna es un pilar fundamental de cualquier sistema de salud sólido y equitativo. Reducir la mortalidad materna no solo salva vidas, sino que también fortalece comunidades completas, mejora el desarrollo infantil y contribuye al bienestar social y económico de los países. En el camino hacia sociedades más justas, garantizar que cada embarazo y cada parto sean seguros es una prioridad ética y de salud pública.

¿Qué es la mortalidad materna y por qué sigue siendo un desafío?

La mortalidad materna se refiere al fallecimiento de una mujer durante el embarazo, el parto o dentro de las semanas posteriores a la finalización del embarazo, debido a causas relacionadas o agravadas por este proceso. Aunque en muchas regiones del mundo se han logrado avances significativos, las cifras siguen siendo inaceptablemente altas en contextos con menos recursos, zonas rurales y comunidades con dificultades de acceso a servicios de salud.

Las principales causas de muerte materna incluyen hemorragias graves, infecciones, hipertensión asociada al embarazo (como la preeclampsia y eclampsia), complicaciones en el parto y abortos inseguros. Lo más preocupante es que la gran mayoría de estos casos son prevenibles con intervenciones oportunas y sistemas de salud preparados.

Causas principales de la mortalidad materna

1. Hemorragias obstétricas

Las hemorragias, especialmente las que ocurren después del parto, son una de las causas más frecuentes de muerte materna. La falta de detección temprana, el retraso en la atención y la carencia de bancos de sangre o protocolos claros en los centros de salud aumentan el riesgo de desenlaces fatales.

2. Hipertensión durante el embarazo

La preeclampsia y la eclampsia pueden avanzar rápidamente si no se detectan y manejan de manera adecuada. Los controles prenatales insuficientes, la falta de monitoreo de la presión arterial y la ausencia de tratamiento oportuno convierten estas complicaciones en un grave peligro para la vida de la madre y del bebé.

3. Infecciones y sepsis

Las infecciones durante o después del parto, muchas veces relacionadas con prácticas poco seguras, falta de higiene o carencias en la atención posparto, pueden evolucionar a sepsis. La escasez de antibióticos, de personal capacitado y de seguimiento posnatal agrava este problema.

4. Abortos inseguros

En contextos donde el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva es limitado, los abortos inseguros son una causa importante de mortalidad materna. La falta de información, de métodos anticonceptivos eficaces y de servicios integrales de salud reproductiva expone a muchas mujeres a procedimientos peligrosos.

5. Enfermedades preexistentes no atendidas

Patologías previas al embarazo, como enfermedades cardíacas, diabetes o trastornos hematológicos, pueden descompensarse durante la gestación si no se identifican y manejan adecuadamente. La ausencia de atención integral y coordinada multiplica el riesgo para la madre.

Estrategias para reducir la mortalidad materna

Reducir la mortalidad materna implica mucho más que mejorar la atención hospitalaria. Requiere un enfoque integral que abarque la prevención, la educación, el fortalecimiento de los sistemas de salud y la eliminación de barreras sociales, económicas y culturales.

Fortalecer el control prenatal

El control prenatal temprano, periódico y de calidad permite identificar riesgos, enfermedades preexistentes y complicaciones potenciales. Un seguimiento adecuado incluye:

  • Medición regular de la presión arterial y control de peso.
  • Pruebas de laboratorio para detectar anemia, infecciones y otros problemas.
  • Educación sobre signos de alarma, nutrición y autocuidado.
  • Derivación oportuna a servicios especializados cuando se detectan riesgos altos.

Garantizar partos seguros con personal capacitado

Contar con profesionales de la salud formados en atención obstétrica de emergencia es clave. Esto implica:

  • Disponibilidad de parteras profesionales, enfermeras obstétricas y médicos con competencias actualizadas.
  • Protocolos claros para el manejo de hemorragias, eclampsia, trabajo de parto prolongado y otras emergencias.
  • Acceso a quirófanos, suministros esenciales y medicamentos como uterotónicos y anticonvulsivantes.

Atención integral en el posparto

El periodo posparto es crítico y, muchas veces, subestimado. Visitas posnatales programadas, evaluación del estado general, apoyo en lactancia y detección de complicaciones permiten prevenir muertes tardías y mejorar la salud física y emocional de la madre.

Acceso a salud sexual y reproductiva

La planificación familiar, la educación en salud sexual y el acceso a métodos anticonceptivos seguros reducen los embarazos no planificados y de alto riesgo. Asimismo, los servicios seguros y regulados para la interrupción del embarazo, cuando la legislación lo permite, disminuyen las muertes derivadas de abortos inseguros.

Determinantes sociales y reducción de brechas

Las desigualdades de género, la pobreza, la discriminación étnica y la falta de educación influyen directamente en la mortalidad materna. Las mujeres que viven en zonas rurales, en condiciones de vulnerabilidad económica o pertenecientes a minorías suelen enfrentar mayores barreras para acceder a servicios de calidad.

Abordar estas desigualdades requiere políticas públicas intersectoriales que integren salud, educación, protección social y empoderamiento económico. También es esencial promover la participación comunitaria y el liderazgo de las mujeres en la definición de las prioridades de salud materna.

El papel de las políticas públicas en la salud materna

Las políticas públicas son decisivas para avanzar hacia la reducción sostenible de la mortalidad materna. Invertir en infraestructura sanitaria, fortalecer la atención primaria, asegurar financiamiento estable y promover modelos de atención basados en derechos humanos son elementos clave.

Entre las acciones prioritarias se encuentran:

  • Establecer protocolos nacionales para la atención del embarazo, parto y posparto.
  • Garantizar la gratuidad o el bajo costo de los servicios esenciales de salud materna.
  • Capacitar de forma continua al personal de salud, con enfoque intercultural y de género.
  • Crear sistemas de referencia y contrarreferencia eficientes entre centros de salud y hospitales.
  • Monitorear indicadores de salud materna para ajustar programas y recursos donde más se necesitan.

Prevención, educación y empoderamiento de las mujeres

La educación en salud empodera a las mujeres para tomar decisiones informadas sobre su cuerpo, su sexualidad y su maternidad. Programas comunitarios, campañas públicas y materiales educativos adaptados a distintos contextos culturales ayudan a que más mujeres reconozcan signos de alarma, exijan atención de calidad y participen activamente en la planificación de su maternidad.

El empoderamiento también implica fomentar la corresponsabilidad: involucrar a parejas, familias y comunidades en el apoyo a la mujer gestante, reduciendo la carga de cuidados exclusivamente sobre ella y facilitando que pueda acudir a controles y servicios de salud cuando sea necesario.

Objetivo: reducir la mortalidad materna de forma sostenible

Reducir la mortalidad materna es un objetivo que exige continuidad, recursos y compromiso político. No basta con intervenciones aisladas; se necesita un enfoque de largo plazo que fortalezca el sistema de salud, mejore el acceso universal y elimine las barreras que impiden a las mujeres recibir atención digna y oportuna.

Al integrar la salud materna como una prioridad nacional, promover la investigación, escuchar las voces de las mujeres y adaptar las soluciones a cada realidad local, es posible avanzar hacia un escenario en el que ninguna vida se pierda por causas prevenibles durante el embarazo, el parto o el posparto.

En el marco de este compromiso con la salud materna, también resulta relevante considerar los entornos en los que las mujeres transitan el embarazo y el posparto. Muchos hoteles han comenzado a adaptar sus servicios para responder a las necesidades específicas de familias gestantes o con recién nacidos, ofreciendo espacios tranquilos, opciones de alimentación equilibrada y facilidades para el descanso y la organización del cuidado del bebé. Esta tendencia no solo agrega valor a la experiencia de viaje, sino que contribuye indirectamente al bienestar físico y emocional de las madres, complementando el trabajo del sistema de salud y reforzando la idea de que la maternidad segura y acompañada debe ser una prioridad en todos los ámbitos de la vida cotidiana.